Una noche de charla sobre arte con Zehra Doğan

avec Zehra Doğan with

Una noche en Londres con Zehra Doğan… sentadas alrededor de una mesa pequeña, con nuestras respectivas tazas de té. Frente a mí, Zehra dibuja a Leyla Güven, en huelga de hambre. Yo mientras tanto preparo las fotos de cientos de obras que Zehra ha traído a Londres. Absortas en nuestras respectivas tareas, vamos charlando…


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“¿Por qué no me has hecho una entrevista? Quería dar mi primera entrevista a Kedistan. Estoy enfadada contigo”, dice Zehra. Confieso: “sabíamos que ibas a estar muy solicitada después de tu liberación. Te lo escribí incluso… y eso es lo que ha sucedido. Comprendimos que estabas asfixiada ante la avalancha de solicitudes, así que el equipo de Kedistan decidió no molestarte. ¿Qué te crees?, nos hubiese encantado”.

“¿Qué te parece si lo hacemos ahora? “ nos decimos entre risas. Y a las cuatro de la mañana, la charla se convierte en una entrevista grabada…

Es cierto que nuestro intercambio de 45 minutos genera una entrevista larga, pero merece la pena prestarle atención. Si te apetece adentrarte en la obra de Zehra, este es el momento. Puede que algunxs de vosotrxs hayáis visto sus originales o reproducciones expuestos en diferentes lugares de Europa en los últimos dos años. También es probable que la hayáis descubierto a través de las páginas del libro “Con los ojos abiertos de par en par” o en la Web. Las obras del último período de prisión son aún más impresionantes teniendo en cuenta los precarios medios utilizados y el fulgor que destilan sus pinceladas…

Zehra, un proyecto te rondaba desde hace tiempo. Nos lo comentaste en tus cartas: abrir un taller de arte en Mardin, para que los niños puedan acercarse al arte; no solo los niños… Cuando te liberaron, ¿qué tipo de estímulo recibiste para llevar adelante este proyecto?

Sí. De hecho, se trataba de un proyecto más complejo que un taller de arte para niños. Puedo describirlo así: en la casa en la que vivíamos en Sur, en el barrio histórico de Diyarbakır, reinaba una atmósfera especial. En Sur habíamos logrado crear una atmósfera especial entre amigos, numerosos pintores, escultores, artistas varios, todos juntos. Era una casa en la que se debatía y se creaba constantemente, había una verdadera dinámica artística. Artistas de otros países se quedaban en ocasiones allí, enriqueciendo dicha dinámica. Personas sin experiencia artística participaban en este ambiente y comenzaban su andadura. Intentaban dibujar, pintar, escribir poemas…crear. La casa se convirtió en un espacio artístico semejante a un atelier.

Los vecinos podían llamar a nuestra puerta y preguntar: “tengo un ser querido, ¿puedes hacer su retrato?”. Nuestras actividades habían despertado la curiosidad y el respeto de los residentes del barrio. Nos saludaban, preguntaban si necesitábamos algo… en todo caso, era un ambiente muy agradable. Y me preguntaba: “¿por qué no crear algo parecido en Mardin?”. El proyecto era en realidad una especie de continuación de aquella experiencia. Todavía no ha comenzado y de hecho, no se limita a los niños. Un lugar que permita crear una atmósfera creativa, donde todo tipo de material artístico esté a disposición de las personas que quieren acceder a él, con ganas de crear, participar en debates…

Cuando salí de la cárcel, me encontré con un interés intenso y cálido por parte de los niños. Cientos de niños querían hablar conmigo, hacerse fotos. Dibujaban, me mostraban sus creaciones, “ves, ¡yo también dibujo!” me decían entusiasmados. Me ofrecían sus dibujos… en cuanto a las familias, me preguntaban: “¿Dónde podemos comprar material de arte? ¿Cómo hacemos para que nuestros hijos aprendan y practiquen el arte?”. Los padres me decían: “¿cuándo vas a abrir tu propio estudio? Queremos enviar a nuestros hijos allí “, “¿puedes apuntar a mi hijo?”. Algunos padres pensaban que era necesario inscribirse. En fin, creo que era su manera de ver las cosas… yo sin embargo imaginaba un lugar con puertas abiertas a todos. Pero fue muy agradable captar ese entusiasmo. Por lo general los niños suelen decir que quieren convertirse en doctores, abogados, ingenieros… Las familias también. Sin embargo, en mi tierra, fueron numerosos los niños que me dijeron ” ¡cuando crezca, seré artista!” y sus familias los apoyaron. Me procuró una gran dicha.

Has expresado en repetidas ocasiones que el arte debe pertenecer a la gente. En tu concepto de taller, vislumbras también un lugar de creación abierta y los niños y sus familias van en la misma dirección. Es pura felicidad.

¿Qué hay de tu familia? ¿Qué pensaba tu familia cuando tus obras salían de la cárcel y llegaban a sus manos? Cuando te pusieron en libertad, ¿hablasteis de estas cosas? ¿Quieres compartir esa experiencia con nosotros?

Al principio, mi familia no prestaba mucha atención a mis creaciones, al menos no como ahora. Es decir, siempre apreciaron mis dibujos, cuando era pequeña también, pero no consideraban el arte como una profesión real, mi familia no quería que me convirtiera en pintora. No significa que mis padres estuviesen en contra, o que me impidiesen seguir adelante, pero como muchos padres, soñaban con hijos médicos, abogados.…

Los dibujos que hice en la cárcel no fueron los primeros que vieron, no. Por ejemplo, hace unos años colgué una de mis pinturas en la pared de casa. Y de repente un día, qué es lo que veo, que mi madre ha plantado allí sus agujas de coser. Me enfadé y le pregunté, “¿por qué has transformado mi lienzo en un porta agujas?”. Me respondió: “¿qué? ¿Sería preferible que mis agujas se perdiesen?”. Años después, teniendo en cuenta que me encarcelaron por uno de mis dibujos, el interés que mis obras suscitaban, el hecho de que los amigos que venían a casa pidiesen ver mis dibujos, contribuyó probablemente a que mi familia percibiese mi trabajo desde otro prisma. Algo parecido sucedió cuando en Nueva York Banksy proyectó mi dibujo de Nusaybin por encima de su mural… Creo que mi familia pensó, “significa entonces que nuestra hija hace algo bueno”. Al parecer un día mi padre se colocó frente al dibujo colocado en la pared de nuestra casa y lo contempló durante mucho tiempo. Dijo “resulta que este cuadro es una obra maestra, pero durante años no nos habíamos enterado” (se ríe). A decir verdad tampoco se trataba de una super obra. Es decir, no merecía mayor interés que el demostrado por mi familia durante años. Lo vieron como una “obra maestra”, cuando se dieron cuenta del interés suscitado por mi trabajo posterior, esa es la realidad. Fue bastante curioso…

Cuando estuve en la prisión de Tarso, mi padre me preguntó en una ocasión: “no te lo tomes a mal, pero tengo mucha curiosidad por comprender de qué tratan tus dibujos. ¿Qué quieres expresar? Hay mujeres desnudas, pechos grandes, ojos grandes…” Cuando empecé a darle explicaciones, me interrumpió. “Eso es lo que había comprendido. Pensé que sus ojos eran grandes, porque veían cosas, testimoniaban, difundían un mensaje”. Comprendí que su interpretación era certera.

Mi familia colocaba en el suelo todos los dibujos que iban saliendo de la cárcel y durante horas trataban de interpretar su significado. Mis seres queridos comentaban entre ellos- “Lo que está intentando explicar es esto… Usó ese color, por esa razón”. Mi madre escribió canciones y súplicas para mí. Mis sobrinos y sobrinas, tengo 14, dicen, “cuando sea mayor seré artista”. Son cosas muy bonitas para mí.

De hecho, Mardin es una ciudad que cría a sus hijos en el arte. La propia vida es arte. Mardin invita a la gente a una existencia feliz, sus habitantes enriquecen sus conversaciones diarias con cuentos, citas. Tal vez mi terquedad haya hecho visible algo ya que existía…

Significa que ellxs comprendieron exactamente lo que querías expresar…

No comparto la idea de que el arte pueda comprenderse de un modo certero o erróneo.

Voy a reformular la pregunta: ellos captaron lo que deseabas transmitir.

Eso es. No existe lo certero y lo erróneo. No podemos decir “Ahora comprenden el arte”, sino más bien “Comprendían el arte pero ahora su mirada ha alcanzado otra dimensión”.

Zehra Doğan Tarsus
Prisión de Tarso, exposición improvisada antes de la liberación de Zehra.
Zehra junto a la pequeña Ayse, hija de Semal y Hülya, otra amiga codetenida.

Nos hablabas en tus cartas de las actividades artísticas dentro de la cárcel. Nos escribiste que al comienzo de tu cautiverio dabas clases de dibujo a tus compañeras presas. Y con gran humildad decías: ” estoy tratando, dentro de mis posibilidades, de socializar el arte”. Nos comentaste que había otras mujeres talentosas. Y en una etapa posterior comenzaste a crear junto a ellas. E incluso, en la parte posterior de muchas de tus obras figuran los nombres de todas las participantes. Se trata de creaciones colectivas… Y ese enfoque colectivo ha conmovido, ha impresionado a las personas que han visitado tus exposiciones en diferentes países.

Para mí, la vida es arte. Las personas, principalmente aquellas que están en la oposición, se sitúan frente a algo que desafían, con sus ideas y palabras. El resultado de su creación es también arte. Todas las personas que ejercen una labor, son en cierto modo artistas, porque tratan de embellecer la vida. El hecho de embellecer la vida requiere una disciplina estética. Es la esencia de lo que aprendemos en las escuelas de arte. La escuela trata simplemente de transmitir una disciplina fundamental.…

En prisión, varias de mis amigas estaban interesadas en el dibujo, la pintura. Yo dibujaba en condiciones casi imposibles. Por ejemplo, bajo la cama, con muy poca luz y mínima visibilidad. Pero esa circunstancia les interesaba. Creo que me consideraban simpática y testaruda. Primero todos ellas se acurrucaban y me observaban trabajar. Después intenté enseñarles. Cuando digo “enseñar”, en fin hice lo que pude dadas las circunstancias. No pienses en un gran aprendizaje. Ya que cada una compartía sus propias experiencias y conocimientos, yo también compartí los míos. Que quede claro que no se trataba de lecciones profesadas desde arriba hacia abajo. Quiero incidir en esto porque no quiero que se me malinterprete.

Fue un periodo muy interesante. Todas las amigas participaban en la tarea creativa, algunas buscando títulos para los dibujos, otras numerándolos. Por ejemplo, todos los viernes, después de limpiar nuestra zona, lavábamos la ropa en el patio. Una vez por semana teníamos derecho a tomar café. Durante esas pausas para el café, solía rasgar una sábana o una camisa y extendía la tela en el suelo. En ocasiones eran mis amigas las que llevaban a cabo la tarea. Después de tomar café utilizábamos el borde de la taza para dejar impresiones sobre la tela. A veces surgían marcas circulares, a veces el café se extendía a través de la tela tomando diferentes formas. Y todas observábamos los motivos que iban surgiendo. De todos modos, las amigas no me dejaban nunca dibujar en soledad, “Espera, Espera, ¡ haz así, haz así!” Me decían… (Nos reímos). Juzgaban: “eso no es genial”, “Mira mi marca, es mucho más bonita”. Y efectivamente así era. (Ríe de nuevo).

Colgaba los dibujos en el tendedero. Todo el mundo se sentaba enfrente y surgían los comentarios a acompañado de tés y cigarrillos… “Este es muy bonito”, “este otro no está mal”… Pasábamos mucho tiempo así, interpretando a veces en serio, otras de burla. En realidad, aquellos instantes eran en sí mismos una exposición.

Recuerdo que, de repente, un día hice un dibujo que reflejaba la prisión, en una toalla… Lo colgué como siempre, en el tendedero. Y mi intención era añadir como fondo un tono ligero a base de té. Es decir quería que el dibujo sobresaliese. Preparé el té, mojé en él la esponja y la madre Zeyno vio cómo preparaba el té para aplicarlo sobre la toalla y vino corriendo y golpeó mi mano “¡para, para! ¡Lo vas a destrozar! ¡No hagas eso!”. Por mucho que intenté explicarle que así quedaría más bonito no hubo manera. Dijo, “¡No! ¡No!” y no me dejó. Tiempo después, vi a madre Zeyno en el patio. Estaba inmersa en su libro. Yo seguía teniendo en mente la idea de añadir un fondo al dibujo. Me fui acercando poco a poco al tendedero,…me ve y me regaña: “¡ni puedo leer tranquila, tengo que estar pensando todo el rato que esta chica va a venir y hacerle algo al dibujo!” (Se rie). Es como si a lo lejos viese a un niño con intenciones de estropear el dibujo. Sin embargo, fui yo la que realizó aquel dibujo… Se adueñó de él. Teniendo en cuenta que dibujaba mientras hablaba con ellas, les consultaba cosas, iba aprendiendo sobre la marcha, cada una de ellas veía su sello en mis dibujos, por lo que se permitían darme en la mano y decirme “¡lo vas a destrozar, así que para un poco!”…Al final acabé por añadir un fondo a escondidas la mañana siguiente, antes de que Madre Zeyno despertase.…

¿Qué dijo la Madre Zeyno cuando lo vio?

Cuando se despertó por la mañana y lo vio, dijo, “oye, no está tan mal, está bien”. Se le olvidó que el dibujo lo había realizado yo… Ese descuido es algo excelente. Ellas olvidan. No te suben a un pedestal diciendo: “Dios mío, es una artista”. Se les olvida. Es como si lo hubiese realizado ella. Eso es lo bueno.

Por ejemplo Elif … Elif es una mujer muy joven. Una mañana, se despertó y dijo, “Zehra, tuve un sueño”. La víspera por la tarde, habíamos hecho marcas con el café y habíamos dejado que el dibujo se secara, con la intención de hacer retoques al día siguiente. Elif me contó su sueño: “miramos el cielo. El cielo está lleno de estrellas, pero las estrellas son las marcas que dibujamos ayer en la sábana”. El dibujo de anoche apareció en su sueño. Me conmovió mucho. Este tipo de cosas me proporcionaban una dicha inmensa. Terminamos el dibujo juntas y escribí su historia en la parte posterior…


“Estrellas”
Prisión de Amed, 25 de Agosto de 2018
Creación colectiva del Distrito BK-4. Café, cúrcuma, ceniza, lápiz, pintura robada.

El hecho de que mis amigas se apropiasen de las obras, que se encontrasen reflejadas en ellas, que soñases con ellas, era muy interesante y muy intenso, me hacía sentirme muy feliz. Aparecían siempre con nuevas ideas. “Tengo una idea. No me ha abandonado desde anoche. ¿Puedes dibujarla?” me decían o “dibuja también esto”… Dibujo para cada una de ellas. El día de mi propia liberación, por la mañana, dibujé para otras dos amigas. Cuando salí, todas las amigas de Tarso tenían un dibujo. Reservé las dos, tres semanas anteriores a mi liberación para dibujar para ellas. En los últimos días, montamos una exposición en el patio y pedimos que nos sacasen fotos.

En realidad mi primera exposición no es la que llevó por título “141” que contenía dibujos de mi estancia en la prisión de Mardin y se realizó en Diyarbakır. Mi primera exposición tuvo lugar en la propia prisión de Mardin. La primera exposición de mi vida…, una exposición de verdad.

Mis compañeras de celda hicieron todos los preparativos. Organizamos incluso una fiesta. Por ejemplo, quitas la miga de pan y la pones a secar al sol. Luego la colocas en una funda de almohada y golpeas con el fondo de un vaso. De esta manera obtienes una especie de harina. Le agregas chocolate fundido en el samovar, un poco de leche y aceite. Una vez bien mezclado, lo cueces en el samovar. Al final, hicimos bolas del tamaño de canicas y las sumergimos en coco rallado. Junto a esos dulces pusimos algunas galletas y zumos de fruta, y ya, ese fue el cóctel de apertura de la exposición… Colocamos los dibujos contra las literas. Así organizamos la exposición. ..

Una exposición de verdad…

Sí! La exposición de Mardin tuvo mucho éxito.

¿No es eso colectivizar el arte? No sirve que te coloques a un lado y los demás al otro lado. No estás, en tu condición de “artista” entre algodones. Practicas el arte, el arte es tu filosofía. Eso es, nada más. No es una identidad o un privilegio.

Se supone que es parte integrante de la vida…

Sí. Lo que más me asusta ahora es el riesgo de perder esa simplicidad. Cuando salí, estuve muy solicitada. Fue muy intenso. Esa intensidad me asustó un poco. Porque sigo pensando, me pregunto: “Zehra Doğan, ¿qué estás haciendo? ¿Qué estás haciendo en este preciso instante? ¿De verdad eres tú? ¿Es posible que te influyan negativamente?”… En este intenso interés que suscito, tengo miedo de perderme…Puede suceder que después no me encuentre. En cuyo caso no sería feliz. Cuando una persona se mira a sí misma y se ve como “alguien importante”, al cabo del tiempo puede perjudicarle. Quiero decir, así lo veo yo. En todo lo que he hecho hasta hoy, en todos lados, en Jinha, en la cárcel, la gente que me ha apreciado, lo ha hecho aceptándo mi lado bueno y mis errores. Yo también quiero a las personas de ese modo. Cuando te ves a ti mismo como “alguien importante” no hay lugar para el error. Y el ser humano ya no es humano. La personalidad de un ser humano también contiene errores. Haces tonterías, te enfadas… algunas personas se enojan contigo… tienes que digerir incluso esa discordia. Porque las críticas que te dirigen requieren aceptación. Pero si te colocas a ti misma en un pedestal, no lo conseguirás.

Hoy, gente que ni siquiera conozco, se me acerca con cautela. Todavía estoy aturdida, pero es hermoso. ¿Pero soy lo suficientemente modesta como para entender e interpretar todo esto? ¿Sabré siempre quién soy? Para ello es preciso que exista un patrón. De lo contrario, no será posible…

Hoy, si digo algo absurdo, Naz puede criticarme. Yo la escucharía… si me enfadase con ella se lo diría y ella lo aceptaría, porque es una crítica que vendría de la Zehra que ella conoce. Pero, mañana, si empiezo a creérmelo puede que deje de escuchar las críticas de Naz, o ella deje de aceptar las mías. Puede que estas circunstancias conviertan el ser humano en alguien desdichado, más incluso que las dificultades propias al aspecto material, el confort, cosas subjetivas… Que una persona duerma en la más hermosa de las camas o en la acera, si su corazón no cambia, seguirá siendo la misma. Pero si tu cabeza, tu corazón dan importancia a ciertas cosas y te conviertes en un megalómano, ya no importa lo hermosa que sea la cama o la acera, te convertirás en alguien egoísta… Por este motivo no se debe perder nunca el norte, es preciso tener en cuenta este detalle.

En el arte sucede lo mismo. Nunca se debe dar la espalda a las fuentes que te alimentan. Nací en el Kurdistán. Crecí, viví con los patrones del Kurdistán y le di sentido a todo, a través de estas riquezas. Es cierto que las injusticias, las masacres que estamos padeciendo son una gran desgracia, pero también tenemos buenas oportunidades. Se trata de una lucha, que la mayoría de la gente europea no podría soportar, ningún niño podría aguantar. Sin embargo nacer en la lucha kurda es una oportunidad para un niño. En realidad, es incluso un lujo… debemos entender esto e interpretarlo bien. Ignorarlo sería un gran error. Supondría destruirse a sí mismo.

Sí, es cierto que el Museo Tate Modern me da la oportunidad de exponer en Londres, y si se organizan otras exposiciones en Inglaterra, en Francia y en otros países y ciudades, por supuesto que aceptaré, iré. Tampoco les voy a dar la espalda, porque se trate de Europa. Voy a intentar estar en todas partes, mezclando la realidad con mi identidad kurda, tratando de mantener una mirada universal. Si me focalizo únicamente en mi propia tierra y doy la espalda al exterior, ¿cómo podría transmitir lo que ha sucedido a mi pueblo y a mi gente?

Intento en cierto modo hacer un arte- protesta. Porque tengo cosas que decir, porque mi gente tiene cosas que decir. Debo de servirme de todos los espacios de expresión que se abren frente a mí. ¿Por qué razón no podría la misma persona trabajar en París y en Rojava? Es lo que me gustaría hacer…

Por otra parte, todas estas posibilidades no han surgido únicamente por mi trabajo individual. Si hubiese avanzado en solitario para alcanzar mis objetivos sería comprensible que desease alcanzar cierto éxito. Es decir, se puede incluso comprender a quienes se han abierto camino en solitario y se lo han creído, puedes en cierto modo aceptar esa circunstancia. Pero no es en absoluto mi caso. Yo existo únicamente gracias a los medios brindados por la lucha kurda. Quienes se preguntan “¿qué quiere expresar Zehra Doğan?, en realidad están diciendo, ¿qué quiere expresar la lucha kurda?”. Teniendo en cuenta que me he nutrido de esa lucha, recorrí el itinerario que pusieron a mi alcance y me dije: “Mira, existe esta lucha, este es el camino por el que puedes avanzar”. Por esta razón, no puedo cambiar, no tengo derecho a cambiar.

Por otro lado recibo apoyo de colectivos como Kedistan, PEN, Amnesty, Banksy y Ai Weiwei y muchas otras organizaciones y personas que no puedo citar. Si eres una persona con un poco de sentido común, comprendes que todo este movimiento no ha surgido por sí solo. Es cierto, parte de una base concreta, pero existe un apoyo y un esfuerzo colectivos que le dan visibilidad. Creo que tengo que verme como una partícula de todo ese entramado.

Querida Zehra, sabes, expresas lo que siempre te he querido decir… Te lo he escrito en mis cartas de vez en cuando, pero tal vez haya llegado el momento de repetirlo. Todo lo que has dibujado y escrito, antes y después de tu arresto, solventando las imposibilidades con muchísima creatividad, ha conseguido llegar hasta nuestras manos, nos ha transmitido tu mensaje, sin perder de vista el origen del mismo. En los cinco continentes, tus palabras y tu testimonio han sido percibidos tal y como los describes, es decir como un esfuerzo colectivo y universal. Y esto es realmente valioso. Lo hemos observado in situ, durante las exposiciones e iniciativas de lectura en las que hemos hecho recitar tus textos. Créeme, no te lo digo para llamar la atención sino por la estima que tenemos por ti. Lo constatamos de verdad. Siempre hemos percibido la misma reacción… Además, ahora eres libre y lo podrás ver con tus propios ojos…

Hay que tener en cuenta que el testimonio derivado del uso que haces del pincel y la pluma alcanza a un público más extenso, más allá de la audiencia de activistas y convencidos. La fuerza de tus obras atrapa incluso a quienes visitan las exposiciones con el único deseo de contemplar arte. Tus observaciones han llegado a todos aquellos que han abierto los ojos y han prestado atención.

¿El recorrido del arte hacia la razón no pasa por el corazón?

Comenzando por la simple pregunta de “¿Por qué está esta joven en prisión?”, se ha relatado una historia de principio a fin, se han pronunciado los nombres de las injusticias y las masacres… En cada ocasión la gente ha experimentado un sentimiento de culpa… “todo esto está sucediendo hoy, ante nuestros ojos. ¿Cómo puede ser que no lo supiésemos?”… Superada la brecha de la falta de información pasábamos a una etapa posterior y la gente preguntaba, “ahora que sabemos, ¿qué podemos hacer?”. Durante esos intercambios en ocasiones se ha criticado el concepto de estado, derivando hacia posicionamientos de posibles alternativas. Las miradas se han orientado hacia Rojava. A menudo el público estaba compuesto por personas que nunca habían oído hablar de Rojava, que ni tan siquiera conocían la geografía del Kurdistán… Nosotros veíamos cómo esas personas, que se encontraban allí casualmente, continuaban charlando, durante largos minutos, a la salida de la exposición…

Sucede tal y como tú lo expresas. Es decir, intentar un mundo diferente, en tu condición de artista, sin resaltar tu figura, sino tu testimonio. De esta manera se ha ido tejiendo la red solidaria en torno a tu persona. Como si fuese una bola de nieve que se ha transformado en avalancha al deslizarse por la colina…

Resumiendo, has transformado la materia prima que te alimenta en testimonio artístico y las personas que han sabido verlo, escucharlo, comprenderlo y sentirlo, se han reunido con frecuencia en torno a tu persona, para dar alas y visibilidad a tus acciones. Estas personas eran simplemente mensajerxs… Y es obvio que todxs han puesto su corazón en ello.

Es lógico que el que quieras trasladar un mensaje y un testimonio, colectivo y universal, en todos los foros a los que te invitan, es comprensible y honorable. Sea donde sea…

Sabes, en Septiembre / Octubre de 2018, durante el festival organizado en tu honor hubo una docena de mesas redondas, incluyendo una sobre arte. Ese día la mayoría de los asistentes eran artistas. Uno de los participantes de la mesa redonda, Niştiman Erdede, artista kurdo exiliado en Suiza, destacó un tema importante. Voy a tratar de transmitir sus palabras, en el límite de mis recuerdos. “Creo que hay dos cosas que estimulan al artista. La emoción y la motivación. La motivación le induce a seguir adelante y triunfar. En lo que respecta a la emoción, esta está vinculada a la cultura, al pueblo, a la historia a la que pertenece el artista. Cuando el artista se deja llevar únicamente por la motivación, avanza hacia un éxito personal. Y, por desgracia, el lugar en el que se sentirá reconocidx, será el mercado del arte, monopolizado por Occidente. Yo me siento como una partícula de la tierra en la que crecí, una molécula de la cultura, de la lucha que me ha forjado. Por esta razón, lo que me guía y me hace reaccionar es la emoción. Para mí, si hay algo que el arte debe realzar es precisamente el testimonio de la cultura y la historia que me nutren. Por este motivo no deseo actuar guiado por la motivación y convertirme en el mono de los mercados del arte, sobre los cuales tengo una opinión muy crítica”. Sus palabras hicieron reflexionar a la audiencia. Después de la mesa redonda, prosiguieron los intercambios. Porque hacía hincapié precisamente en ese equilibrio que no figura siempre en la “carrera” de los artistas. Un equilibrio valioso… Tengo la impresión de que sus impresiones están en la línea de lo que deseas trasmitir.

Otra pregunta… Cito de memoria… Me decías en una de las primeras cartas que escribiste en la prisión de Diyarbakır, donde te vetaban todo tipo de material artístico: “tengo tantas ganas de dibujar… que cuando veo una pintura desconchada en una pared puedo imaginar los dibujos”. Una semana después, en otra carta nos anunciabas: “¡he empezado a dibujar de nuevo! ¡En realidad, tenía todo lo que necesitaba a mi alcance!”. De modo que comenzaste a crear de nuevo, usando desperdicios de comida, envases, telas, periódicos. Por aquel entonces pensamos que crear con los materiales que conseguías a tu alcance otorgaba una nueva dimensión a tu labor. Tu búsqueda plástica la forjaron también los materiales de los que disponías. Las reflexiones, los materiales, las técnicas impuestas dada tu situación te hicieron progresar, artísticamente hablando. Así lo observamos e interpretamos nosotros.

Muchas de las obras que realizaste en la cárcel nos recordaron las manchas de pintura en la pared de la que nos hablaste al principio. Por ejemplo cuando te refieres a los surcos que deja el café…“Zehra persigue por un lado la búsqueda plástica de las manchas y realiza sus performances dentro de la cárcel” nos dijimos. ¿El proceso de creación no forma parte de la obra? ¿Cómo lo interpretas? ¿Crees que estábamos en lo cierto?

Sí… sabes, cuando eres un niño, miras las nubes y te imaginas cosas.…

¡Ah! ¡Es exactamente así!

Si pudiésemos conservar nuestro corazón infantil, la vida sería realmente muy hermosa. Pero con el tiempo lo vamos perdiendo. Avanzamos hacia cosas totalmente diferentes y olvidamos el corazón. Y a veces en determinadas situaciones lo volvemos a encontrar. Por ejemplo en la cárcel… Cuando éramos pequeñas, encontrábamos, veíamos cosas en los mosaicos de una calle. O, en una orilla, cuando coges un palo con la mano y dibujas algo sobre la arena. Eso también es arte. Es algo especial. En realidad, el arte es una acción simple. Nunca puedes alcanzar un objetivo cuando es muy ambicioso. Luego te pones a idolatrarlo… pero el arte no es así. Es algo sencillo. La gente que ensalza el arte dice: “no puedes practicarlo. Hay personas autorizadas para el ejercicio artístico y somos nosotros los que determinamos quiénes son. Por lo tanto que gasten millones de dólares y adquieran obras”. En realidad se trata de un reto. No te debes dejar atrapar. Tú también puedes realizar una obra de arte y colgarla en casa. Aunque no sea una realización sofisticada, expresará tu esencia, tus sentimientos del momento. Y te hará feliz. ¿Por qué tendrías miedo de colgarla en la pared? En el periodismo, la mayoría de nosotras no tenemos carnet de periodista. ¿Qué es lo que te convierte en periodista, el ostentar el carnet o el hecho de ejercer la profesión? No te conviertes en periodista sólo por un carnet. El arte es lo mismo. No te conviertes en artista porque tengas un título de una determinada institución o porque te autoricen ser artista. Eres artista estés donde estés. Si eres trabajador agrícola… lo que dibujas con tus dedos, en la tierra, durante tu pausa para el almuerzo, también es arte. El ser humano debe ser consciente de su propia valía. No hay necesidad de que nadie confirme nada. Diría incluso que es pura arrogancia dictaminar quien es artista y quién no. El que se comporta así es idiota. Hay que tenerlo presente…

En realidad, ha sido la lucha kurda la que me lo ha enseñado todo. Por ejemplo, el pedazo de tela que madre Taybet sostenía en su mano a modo de bandera blanca… Puede que fuese una camiseta o una bufanda o un objeto cualquiera con otra finalidad. Pero Madre Taybet, cuyo cuerpo sin vida permaneció en la calle, a pocos metros de su puerta, durante siete noches y siete días, sostenía una bandera blanca. ¿Cómo lo percibimos? ¿Cómo una camiseta? ¿Cómo una bufanda? No, era algo diferente. Te decía: “soy una civil.” Y tú, al observarlo, no necesitas palabras. Madre Taybet no habla, no grita. No dice nada, pero tú la entiendes. No importa, ninguno de nosotros sabe de qué se trata pero todos comprendemos el significado. Todo objeto puede transformarse en algo diferente. En el arte encontramos la misma regla. La rúcula, el café, la sangre menstrual… la persona que observa mis dibujos, no ve rúcula, café, sangre. Contempla el resultado…

As así de sencillo. Tomas un camino y sigues adelante…

También aprendes a no dominar. Por ejemplo, cuando tienes diferentes pinturas, te brindan diferentes opciones así que eliges. Te dices, “voy a utilizar esta en esta parte, con una dimensión tal, la otra allí para que le de cierta textura…” Como un Dios, decides lo que deseas crear, aplicas las pinturas y obtienes un resultado. Te parece algo divino. Lo que realizaba en la cárcel, no era eso.

Cortaba un pedazo de sábana o de camiseta y lo extendía en el suelo. Cada tejido tiene una capacidad de absorción diferente. Viertes sobre él sangre por ejemplo. Mientras la tela va absorbiendo la sangre, no sabes dónde se detendrá. La creación escapa de tus manos, queda a merced de la materia. Después saboreas el espectáculo de la tela y la sangre aceptándose mutuamente… ya no dominas la situación, esperas. Cuando el motivo adquiere la forma que quieres te entusiasmas y dices, “Venga, que se detenga ahí”. Pero puede que la mancha siga extendiéndose. Así que piensas, “no importa, es hermoso también, puedo hacer algo “… ¿Qué sucede? Ya no eres tú la que manda. Y eso se refleja en tu vida. Porque sin darte cuenta, interiorizas esa experiencia que se refleja en tus relaciones amistosas y amorosas. Aprendes a vivir, escuchando al otro, comprendiéndolo y compartiendo cosas.

Cuando el tejido y la sangre terminan su interacción, te invitan a intervenir “venga ahora te toca a ti”. Y luego aplicas lo que quieres. En cierto modo es como si te autorizasen a hacerlo. Adquieres capacidad de escucha, comprensión, empatía y percepción colectiva. Ese intercambio posibilita la creación artística. Por eso creo que esas manchas tienen un significado muy profundo.

Es como si los materiales se convirtiesen en parte integrante de un performance…

Sí, eso es exactamente… se trata de una labor conjunta, no hay un solo creador. La naturaleza ha autorizado y ha hecho que surja.

Zehra Doğan
9 de diciembre de 2018, prisión de Tarsus
Piel de granada, col negra, musgo y lluvia…

Sabes, ahora que has explicado todo esto, muchas de tus obras, especialmente las que dejaste bajo la lluvia, adquieren un significado profundo.

Así se realizaron estas obras: no dije “pongámoslas bajo la lluvia”. De cada circunstancia aprendes algo nuevo, de verdad… Obtuve un color nuevo hirviendo cáscaras de granada en el samovar. Había vertido este color en el papel y después añadí el musgo que había recogido en el patio, y para que se secara, lo dispuse todo en la cocina. Un poco más tarde, vi que los dibujos habían dejado manchas sobre el azulejo. Para limpiar el suelo, saqué los dibujos al patio. De repente, comenzó a llover. ¡Menudo chaparrón! Mis amigas dijeron “vamos a recoger los dibujos” pero llovía tan fuerte que íbamos a empaparnos. Mientras observábamos preguntándonos qué hacer, contemplamos la hermosura del encuentro entre los dibujos y la lluvia. Así que dije: “dejémoslos en paz. Vamos a ver lo que sucede”. Mis amigas se enfadaron “tu trabajo se va a estropear, va a quedar feo!”. Les respondí: “haber creado esas manchas no ha sido una gran tarea, vamos a ver cómo quedan cuando se sequen, dejémoslas”… Nos colocamos todas delante de la ventana a observar el espectáculo. Las gotas de lluvia bailaban con los materiales de los dibujos, cantaban juntas. Y nos sumergimos en ese paisaje. Bebimos té, hablamos. Hablamos largo y tendido sobre lo que estábamos contemplando. Gracias a la lluvia y los dibujos, aquel día fue maravilloso. Todo aquello dio lugar a una atmósfera muy hermosa. Una performance parecida no se puede contemplar en ningún museo o galería, ni en el espacio de arte más prestigioso del mundo. Asistes a esta performance entre las cuatro paredes de la cárcel y participas en ella. Es una manera de hacer que la vida sea más hermosa. Puedes atisbar la belleza de la vida en todas partes. Después de haber pagado una entrada súper cara y hacer cola durante horas para acceder a un lugar maravilloso donde se supone que vas a contemplar obras extraordinarias, no verás algo parecido.

¿Dónde encajas en todo esto? Es imprescindible saberlo. Comprendí que en ningún otro lugar podría haber hecho algo parecido. Sé que no podrá repetirse algo parecido en ningún otro lugar, ni gastando una fortuna. Una Performance evanescente que tiene lugar en un tiempo fugaz. Un momento que nunca se repetirá. Tuvimos la oportunidad de vivir ese instante. Sólo soy uno de los testigos. De allí surgió una pintura muy hermosa.

Las personas deberían escucharse las unas a las otras, escuchar a la naturaleza. Sabes, hay criterios de aceptación o rechazo que hemos definido de antemano, prejuicios, como creencias del tipo “el arte se hace de tal manera, con tal pincel, tal pintura”, o expectativas que tal Museo, tal autoridad permite, ideas sobre cómo de ser un artista confirmado… en realidad, el arte no es algo que pueda ser sujeto a medidas de aceptación o rechazo, enmarcado… en realidad el arte no es eso.

Es pura vida…

Sí, exactamente.

Gracias Zehra. Cuando hablas no solo te refieres al arte, sino a la vida misma. Ves, cuando digo, “me enseñas todos los días” es por algo. Te doy las gracias por hacernos reflexionar y te beso en la frente.

Yo soy la que te da las gracias. Por tu apoyo, desde un principio…

Desde el fondo de mi corazón… realmente no hay necesidad ni te comentarlo. Ni siquiera lo escribiré.

Quiero que lo escribas. Es una realidad que todos conocen. Me apoyas en primer lugar como amiga. No me refiero a un apoyo que venga de arriba. Éramos amigas antes de que me encarcelasen. Y te agradezco el gran apoyo recibido, como amiga, durante mi cautiverio. Vas a escribirlo, ¿de acuerdo? (Se ríe).


Zehra Doğan sigue trabajando. Hacia finales de Mayo está invitada por la Tate Gallery de Londres. Son numerosas las exposiciones que se van trazando…

Podéis seguir su actualidad y agenda de exposiciones en la página web zehradogan.net

El 15 de Noviembre vamos a escuchar de nuevo los textos de Zehra Dogan durante las jornadas mundiales dedicadas a los escritores encarcelados. En esta ocasión la propia Zehra estará presente. Se trata de una iniciativa organizada por el Pen Club francés y la editorial Editions de Femmes. Una cita para incitarnos a leer la correspondencia desde la cárcel de Zehra Dogan, un volumen editado por Editions de Femmes, que lleva por título “También tendremos días hermosos” y podréis visitar la exposición de sus obras originales, en el Espace des Femmes.


Traducido por Maite
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Naz Oke
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